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Lunes 04 de octubre de 2009 |
| Crónica de un día en las Islas Malvinas |
La historia de Sebastian, el cuidador argentino del cementerio de Darwin, suena demasiado simple. Su padre se casó con una isleña y él repitió el mandato de la sangre. “Mi esposa es isleña, mis hijos nacieron acá, yo les propuse a los familiares cuidar las tumbas por un precio razonable”, me dice Sebastián, apoyado en su camioneta 4x4. Por esa labor gana el equivalente a unos diez mil doscientos pesos, lo mínimo que factura un malvinense para sobrevivir en el frío sur. Lea la nota completa… |
Factura 47 mil millones de dólares en el mundo. Pero en la Argentina se niega a cumplir las leyes laborales y despidió a los delegados gremiales. Su poder de lobby mediático. Lea más
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